domingo, 9 de noviembre de 2008

NUESTRA UNIÓN CON DIOS... SEAMOS SÓLIDOS!


Nunca os habéis preguntado qué diferencia un sólido de un líquido.
La típica definición de líquido lo enmarca como una sustancia sin forma propia, que es moldeado y definido por su entorno, no por lo que es. Es decir, el agua puede tener la forma del inmenso mar o, esa misma agua, tener forma de botella, de vaso... es el exterior lo que define su ser.
Nosotros, los cristianos, no podemos moldear nuestro ser en función del entorno, tenemos algo dentro que nos define y nos marca, una forma fija, determinada, sólida... una forma que debe ser distinguida claramente: debemos ser sólidos, constantes, fuertes, firmes y claros en nuestro pensar y obrar.

Y pensaréis... ¿la diferencia? La diferencia entre un sólido y un líquido está en la fortaleza de los enlaces entre sus átomos... el agua tiene el típico "puente de hidrógeno", frágil y lejano... sin contacto, sin fortaleza.

Nuestro enlace es con Cristo, es en Cristo... en Él podemos ser fuertes y en Él irrompibles. Encontremonos en Cristo y seremos firmemente lo que estamos llamados a ser, con forma propia y definida.

5 comentarios:

M.Mónica dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
M.Mónica dijo...

Bravo!!! La fe y la ciencia se dan la mano hasta en las cosas REALES de nuestra vida y nuestra relación con Dios. Gracias por esta aproximación!!!

Cecilia dijo...

Muchas gracias. Una parábola al estilo de Jesús de Nazaret. la ciencia aporta y la fe trasciende . Genial. espero la próxima ecuación!

edith stein dijo...

Intentaré ser "sólido"! Gracies Anna per les teves intuïcions intel·ligents i profundes!

Cecilia dijo...

endavant Anna, quan la propera ? de primer...de segon grau....