domingo, 25 de septiembre de 2016

Te perdiste buscando a Newton en un mundo cuántico

UN DIOS CUÁNTICO

Buscabas la transparencia y encontraste lo translúcido, buscabas luz y te iluminó la discreción del rayo que se cuela entre las sombras. Tú buscabas la palabra clara de un Dios que te guiara en el camino ("¿qué quieres, Señor, de mí?"), y en su lugar hallaste únicamente un murmullo... sonoro en unas situaciones, callado en otras... el susurro incesante y desconcertante de un Dios que habla por dentro.

Buscabas precisión y seguridad y hallaste incertidumbre, y es que, quizás, era lógico que un Dios creador se asemejara en algo a su creatura.
Según tú, le competía a Dios dictarte la posición y la velocidad exactas, ¿no es así? con el mínimo error de quién se exige el cálculo exacto (permíteme que me sonría al pensarlo, y es que, para un físico, tiene su gracia) . Buscabas precisión en un mundo en el que en lugar de partículas tiene funciones de onda; un mundo que abandona el concepto de posición extacta por la vibración  de la densidad de probabilidad de presencia... ¿cuesta aceptarlo, verdad? Pero quizás debas dejar de calcular y permitir que tu corazón vibre cual función de onda; y es que Dios no es una ecuación de la que debas despejar la "x".
Recuerda que en un Universo cuántico hay una sola manera de salir de la indeterminación; en un universo cuántico, la posición exacta se desconoce, se desdibuja, oscila... hasta que no se MIRA.
¿Quieres saber cuál es el lugar que Dios espera para ti? ¡Mírale a Él! Sino, ya lo decía Schrodinger, es imposible conocerlo!